Obviously, we were unable to afford anything better.

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Sobre la exposición Metamorfosis. Visiones fantásticas de Starewitch, Svankmajer y los Hermanos Quay

 


 

Abandoné el edificio con la sensación de que algo había cambiado.

Acababa de ver en una sala de exposiciones todas mis pesadillas reunidas tras estanterías de metacrilato, colocadas de manera absolutamente impoluta.

 

A menudo sueño con espacios preocupantemente parecidos a los que los hermanos Quay describen, son sueños abrumadores, pues estás rodeado por un lugar que te acompaña, que se mueve contigo — me veo en la, casi obligación, de adjuntar este enlace donde hace meses describí una de las pesadillas mencionadas: https://ofthesouls.wordpress.com/2014/10/02/i-sobre-mis-suenos — un lugar que te habita.

 

Bien, es de imaginar mi sorpresa cuando vi mis alucinaciones materializadas.

Y no sólo el espacio, sino el tiempo, las tensiones, los giros, los puntos muertos, el silencio nunca silencioso del todo… todo ese aura que define las obras de estos animadores.

 

Desde luego algo había cambiado, era como estar dentro de un sueño lúcido. Exactamente como escribe Carolina López Caballero en el catálogo de la exposición que, por supuesto, no pude dejar de comprar: «Su cine habita en un mundo fantástico, ávido de todo, que no discierne entre la ciencia y la magia, la realidad y la leyenda, el sueño y la vigilia.»

 

El sueño y la vigilia son para mí el motor de toda esta historia.

 

Sólo en los sueños lo invisible se ve, sólo en los sueños está todo vivo, y sólo el animador dota de vida a las cosas.

Eran pues, creadores de sueños.

Ellos dotan a los objetos de existencia, de actividad individual.

Las marionetas… probablemente porque necesitemos el referente de un ser humano para no perdernos en el mecanismo interno de la verdadera historia, solo son una excusa para poder mostrarnos un lugar fantástico, la excusa para estar allí mientras los hilos, la arena, las puertas, siguen con sus vidas.

 

No son los personajes quienes dan vida  al cuento, sino que éste, ya vivo de por sí, es habitado por sujetos que, tan solo nos guían por sus entrañas, que parecen ser las protagonistas de la historia, que no es otra que su propia vida.

 

Lo fascinante de ver un objeto inanimado caminando o latiendo y querer apartar la mirada es la vigilia, el no poder hacerlo, el sueño.

 

Y en esta dualidad nos perdemos cuando vemos una película de los Hermanos Quay. Los minutos siguientes a su proyección podrían ser comparados, sin parecer esto una demencia, con el instante que tarda uno en despertar y aparecer de nuevo consciente en su habitación.

 

Y entonces, contemplando las maquetas expuestas, me di cuenta de que observaba yo la pesadilla y no era ella quien me observaba a mi.

Y perdió su disposición hostil, pues aquella pesadilla era pequeña y fácil de manejar; y contemplé, como hacían las marionetas, las vísceras de aquel sueño en movimiento.

 

Salí al pasillo y, cuando pude verme las manos por el haz de luz que salía del armario, me di cuenta de que eran manos talladas en madera, sujetas por hilos que se extendían hacia un techo que, por más que lo intenté, jamás pude ver.

R.L.

 

 

 

Los objetos

 

Los sombríos objetos, perfectamente compuestos por todo aquello que, sin sentido, los dotaba de sentido.

Una conformación casi clínica de fragmentos de otras cosas que fueron, y ahora no son más que trizas.

Una simplificación de cuerpos [des]membrados.

«Recorremos los mercadillos desde siempre y muy a menudo hemos topado con algún objeto aislado, anónimo, que se exhibe totalmente fuera de contexto, o mejor aún, hemos encontrado dos objetos dispares puestos uno junto al otro, y en el choque mental que provocan, de repente eres testigo del clásico encuentro fortuito que tanto gustaba a los surrealistas. »

Y así es, parece que restos de viejos retales, cuero, cristales o flores rotas, componían armoniosamente los cuerpos y sus contenedores, siendo éste el punto de intersección entre los Quay, Starewitch — cuya casa parece ser que se asemejaba más a un gabinete de física, habitado por marionetas de gamuza, de cuero, insectos y peces — y Svankmajer, rodeado de vitrinas ocupadas por crustáceos, muñecos y otros sinsentidos colindantes.

A mi parecer, esto dota a las tres corrientes del grado de espejismo necesario para representar en un espacio físico, la irracionalidad de un sueño.

Y es así que se me antojan sus obras un diálogo entre vigilia y alucinación; quizás “traducción” sea un término más acertado. Sí, me parecen sus obras la traducción  minuciosa del sueño de quien se levanta fascinado por su propio poder compositivo, y trata de describir con pelos, señales y tornillos, cada resquicio del espacio con que ha soñado. Y aquello que no recuerda, aquello que no encaja o que ha dejado un hueco vacío en el recuerdo que trata de articular, lo rellena con tensión, con repetición, con movimiento vibrante, con giros y saltos.

 

Y es esta la particular manera que tiene los Hermanos Quay de traducir los no-lugares; la tensión de un hilo a ras de suelo les es suficiente para crear equilibrio entre una estancia y la siguiente.

 

 

 

 

Los insectos

 

«Fascinan y repelen. Han sido metáfora de la infección y el engaño […]. De su cuerpo nos interesa su aspecto mecánico, del que tanto seguimos aprendiendo. Transformarse en un insecto ha sido, en el cine o la literatura, la forma más radical de alienación posible.»

 

Para Starewitch, el insecto es la perfecta metáfora del ser humano, el animal en general lo es.  Y así una bailarina y una araña pueden besarse sin ser esto una locura.

A menudo solemos — y de nuevo me refiero a mis propias pesadillas, que ya no me lo parecen tanto, sino que empiezan a traducirse a un lenguaje más benévolo y afín a la creatividad. — soñar con insectos, criaturas mecanizadas de color oscuro, de tamaños hostiles, que gotean, que caminan erguidas, que conversan entre ellas tramando probablemente el fin de la humanidad, seres que nos esclavizan, que nos obligan a limpiar sus abdómenes.

Y no es, el miedo que nos causan, superior al que pueda sernos provocado por otro ser humano, cualquiera que pueda supeditarnos a su voluntad, a sus macabros pensamientos.

No son, los insectos, más que el mundo entero en miniatura. Los animales mutaciones fortuitas a partir de ellos. Y el ser humano, uno más, quizás el más pequeño.

 

 

No hace falta, espero, aclarar que esto es una opinión absolutamente personal respecto al tema que los protagonistas de la exposición tratan y que, en mi caso, no ha sido una sino la mejor de todas las que he visto hasta el momento, dada la analogía con el funcionamiento compositivo de mis sueños, así como el tratamiento que se hace de los seres paradójicamente tétricos y placenteros a la vez.

 

Es inevitable contemplar las obras de Starewitch sin viajar automáticamente al mundo de Alicia, de las flores, de la igualdad entre animal, planta y niña.

Donde el tamaño de los distintos seres es completamente inconexo con la realidad, pero no con el mundo de los sueños donde se percibe a las criaturas en tamaños y colores en función al peso psicológico que éstos ejercen sobre nosotros, y no en función a las características con que los dotó la madre naturaleza por cuestiones biológicas, fisiológicas o por puro azar.

 

 

 

 

El sexo

 

Violento y absolutamente extraordinario.

 

«A la hora de decidir si debes priorizar la visión del ojo o la vivencia del cuerpo, prioriza siempre el cuerpo, porque el tacto es un sentido más antiguo que la vista, y su experiencia es más esencial.» J. Svankmajer.

Una celebración de las texturas orgánicas que, no siendo más que una repetición de nosotros mismos, nos resultan eróticas en extremo a la par que chirriantes.

Y no escatima Svankmajer en hacernos rechinar los dientes penetrando sin el menor pudor el pelo con las rocas, los cráneos con el papel, la piel con el barro y con el acero, las plumas. Ni en sucumbir al patético deleite de la masturbación para sobreexcitar un sentido adormecido.

 

Y así, genera toda clase de bólidos crudos que me redirigen a las formas antropomórficas Dalinianas, sin la mesura y sutil congruencia de éstas.

 

La belleza se halla en el interior, en su caso, en el intestino.

 

 

 

 

 

El muñeco

 

Vivo pero inanimado, muerto que late,  mecánico y orgánico, un todo desmembrado, que sonríe sin esbozar sonrisa alguna, que te mira, que eres tú pero un extraño.

Un otro, materia pura totémica que deseamos que sea una persona real.

 

En las obras de los Hermanos Quay, como he mencionado anteriormente, da la sensación de que el muñeco es sólo llamado a escena cuando es necesario explicar una realidad que se escapa a la compresión humana, sin dimensiones coherentemente definidas, que si no puede ser habitada por una figura humanoide, no puede ser concebida por ella.

La niña de Street of Crocodiles, contempla toda la escena desde fuera, contempla los tornillos mientras estos juegan por sí solos.

 

Y es así que la marioneta es dotada de aliento cuando se requieren  sus servicios estéticos, dinámicos o referenciales; y no en ningún otro momento donde su presencia pueda entorpecer el movimiento natural de las cosas.

 

 

 

 

 

La lucidez

 

No puedo dejar de mencionar que el cortometraje Ex Voto de los Hermanos Quay, me parece la perfecta definición de los niveles de sueño: Primero, una simple mancha sin color, sin vértices nos sitúa en un lugar extraño de carácter violento, dado el desconocimiento del mismo. Poco a poco, tras repetidos giros a su alrededor, vamos ajustando las características del espacio que vemos y TAN SÓLO vemos.

Pero de pronto, en el transcurso de esta búsqueda de referencias, un primer plano de un elemento cualquiera con el que podemos entrar en contacto directo, nos hace descubrir que nos hallamos dentro de ese lugar que hasta ahora parecíamos ver desde detrás de un cristal y que, en efecto, no está ante nosotros sino que nos rodea. Advertimos que al contacto con este mundo, las cosas cambian como estamos acostumbrados a que ocurra. Si abrimos una puerta, se abre. Si subimos una escalera, avanzamos. Mas hay algo, de lo que no somos realmente conscientes en este punto, y es que hacemos las cosas como si de pura inercia se tratase.

El punto de lucidez, el saber que esto es un sueño y que puede ser controlado es el nivel a alcanzar por aquellos que interpretamos este momento de la noche como fuente de creatividad. Caminar por dentro de nosotros acceder a cada nivel de subconciencia como si de subir y bajar peldaños se tratase.

 

 

 

 

 

El cuento

 

El cuento desnudo, despojado de la obligación de hacer sonreír a un niño.

 

Y me sale al paso, el recuerdo de un cuento que solía leer de pequeña y que estoy segura que si lo leyese ahora mismo no sería ni por asomo tan agresivo y oscuro como lo recuerdo: El Muñeco de Alquitrán, de Disney.

Encuentro en las historias de nuestros tres protagonistas, pero de nuevo en especial y de manera única en las de los Quay, esta deformación de los relatos que parecen atacarnos la memoria, cuando en su momento tan sólo nos entretenían.

Un color, una estancia abrumadora, unas palabras que no comprendimos bien o un final no tan feliz (como es común a todas las historias de Disney), es más que suficiente para originar un recuerdo mucho más sombrío e impenetrable que el momento real en que se  generó.

Estos cortometrajes bien podrían ser comparados con ese instante de confusión, con el origen que desencadena tan trágico y magnífico error.

 

 

 


 

 

 

Podría seguir divagando inútilmente sobre las mil particularidades de la exposición; pero creo que será mucho más fructífero escribir cualquier otra cosa cuya matriz sea la extraña dependencia entre luz y oscuridad que estos tres genios de la animación han articulado de manera tan brillante.

 

 

Obviously, we were unable to afford anything better.

 

 

Sin demasiado orden pero con total coherencia sensible, Cristina Meca Martínez.

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