bilis

Tú y yo que levitábamos oscuros como la bilis misma, ni más ni menos. Te respiro lejos, neón. Te recuerdo leve, luchando por mí en el desierto, alimentándote de rocas muertas. Eres un lapso, una lesión en mi memoria. Recuerdo tu cuerpo hostil en el océano, tu sudor dorado, la vegetación creciendo lento sobre ti. Un espejo roto en tu boca, salvándome de mis sendas profundas, de mis ríos áridos de arena. Te observo caminando en todas direcciones, siempre a tu velocidad, caminando siempre brusco. Recuerdo las fibras de tu abdomen, de tu boca crónica, fría, desnuda. La exquisita geometría de tu luz tropezando con mis monstruos opacos. Aún me acuerdo de tu caos, de tus ojos de aluminio, mirando siempre al mar, sin mirar, sin mar alguno.

Y me grito, a pedradas, porque me observo cayendo hacia ti, perdiendo el equilibrio sobre tus astillas de madera; me grito. Pero estoy, en el tiempo, tan lejos. Y la vegetación va creciendo ya, despacio, sobre ti.

 

 

 

 

 

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