suceder

Pasas como los minutos, sin más.

Hundes tu lengua en los días que se acaban, en la vulgar soledad de las estaciones. Como el hierro resbalas por mi paladar, sangrando y te vas a volver a estar lejos. Mientras pierdo en los espejos la sonrisa, te recuerdo caminando hacia la nada, sólo caminando, caminando siempre solo. Pero ahora, al mirar hacia esta esquina de hambre mía ya no estás y pierdo la esperanza de que en esta, u otra vida, vuelvas.

En una oda a la banalidad y al cuerpo, vivo, para no hundirme inerte en la irremediable y cruel idea de que como los minutos, sin más, pasas.

Y así existo en vano, con el cuerpo vacío, con las manos encima del vientre del mundo que ha dejado de ser, con los labios torcidos, con sed. Siento que despacio comienzo a delirar, salgo brusco de esta primavera tuya y respiro.

Ahora solo puedo respirar, para no hundirme en el tiempo que pasa y que ha borrado los surcos de tu piel en la mía.

 

 

 

 

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