evanescencia

Me acabo, en  línea recta, encima de tu cáscara, me acabo.

Extiendo tersas las alas para rozar el aire que cuelga delicado de los grumos de la pared; un movimiento pendular me absorbe y retrocedo sobre mi propio espacio, el aire baila, se agita en círculos alrededor de esta mancha del color de la carne, que se prolonga encima de mi.

Toco con desconcierto estas orillas que se extienden a ambos lados de mi torso, que confluyen en cinco apéndices de pulpa transparente, al final, y es ahí donde me acabo, y es justo ahí donde empieza lo demás, donde cuelga el aire del resto de los cuerpos que hay en esta habitación. Y mientras giro, me desplazo sobre el volumen que queda entre tus orillas y mi abdomen, en ese espacio que queda entre ambos, existo.

Existo colgando de un hilo que puedo escuchar cómo avanza desintegrando lento…  deteriorando la cáscara que recubre mis orillas; es una velocidad tan breve, tan pausada, que sólo al entrar hacia ti la escucho ocurrir.

Resbala sobre las paredes, entre los cuerpos, confluye en los vértices de las cáscaras que se retuercen con tanta belleza sobre sí.

Todo ocurre natural, siento que así debe ser, lo oigo de nuevo… a mi lado, flotando mirándome quieto, el aire, como esferas que flotan sin posarse, sin casi rozarnos pero… siento lo tan lento que pasan, y el espacio se reduce entonces a tus alas y las mías, separadas sólo por el hilo que destruye poco a poco las cosas.

Ahora, en algún punto de esta extraña dimensión, escucha… está desintegrándose la cáscara con la que nos rozamos. Escucha… está pasando… siento cómo dejo de estar, cómo desaparezco sin remedio dentro de ti.

 

Me encuentro suspendida en otro espacio pero, esta vez, es vacío; te siento a otra distancia, a mucha más velocidad, pasando lejos de mi, veo cómo roza la luz tus alas, y yo… ya estoy fuera, ya no existe esa mancha que se extendía en línea recta sobre ti.

Sopla un ruido negro de fondo que destruye esta indolente normalidad, porque esta nueva dimensión sólo puede sostenerme libre, debes acabarte, debes dejar de existir aquí y, por alguna extraña razón, el hilo que destruye las cosas nunca pasa por dentro de mí, siento cómo me rodea, deteriorando mis alas y por más que lo contemplo y por más que abro la boca no quiere atravesarme y me deja en el cuerpo tu peso, me deja esperando, colgando del aire, que te deshagas dentro de mi.

 

 

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