Cero

Muestras tu carne llena de miedo, tu silueta dorada camina cada vez más rápido hacia un futuro anónimo.

Llegas lleno de ignorancia, de hambre, de fines históricos, de lentas vigencias. Llegas lleno de rostros, de fauna, de hogares cerrados. Llegas y, yéndote, me salvas. Yéndote lejos de mis ceros, de mi nulidad corpórea.

Mas yo te observo como un intruso estratégicamente por dentro, te veo bailar, y ahora sé que tus llagas poco a poco van secándose.

 

Caerán las estaciones como muros cancerígenos, uno tras otro, tras este tramo.

Caerán leves los días, sin éxito, sin decisiones, a horcajadas sintiendo arcadas de bruma, de damas, de tregua.

 

No habrá, pronto, dimensión capaz de soportar mis larvas; no habrás trenzas suficientes para atrapar esta energía que se irá, este trastorno de palidez crónica.

No habrá saliva que humedezca el polvo que me trae tu brisa; no habrá más lagos que surcar, sólo surcos a cada lado mi hogar antiguo.

 

 

 

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