Baratijas

Viven sin sed los peces, y no por ello quieren morir.

 

Siente violencia al pisar los adoquines de la calle, no disfruta de esta primavera negra, no hay margaritas en este hoyo. Mira cansado la batería que le queda a su limón amarillo, lo guarda con cuidado en el bolsillo de la chaqueta, se siente agresivo esta tarde.

 

Hay un par de revistas de chicas guapas en su coche, guarda puros en la guantera y lleva siempre colonia fresca por si encuentra alguna boca que perfumar.

Pero hoy se siente especialmente molesto, aún arrastra una infección que bien pudo matarle, sus células se arrugaron o algo así creyó entender y se apagaron todas las estrellas de su pecho.

 

Le ha dado por las baratijas, para rellenar los huecos vacíos de su salón, ya tiene seis caracolas de plástico, cuatro jarrones esmerilados, un par de cucharas de plata y animales a medio disecar.

Hoy ha salido a arrancar unas flores para colocar encima del televisor, pero este año la primavera está siendo negra, tendrá que conformase con algún cactus de goma, y eso le irrita aún un poco más.

 

Hace un par de días mató al gato de su vecino, el pobre animal entró sin permiso en su cocina e intentó comerse sus limones; la cena estuvo ácida esa noche.

 

Su vida transcurre tranquila, lee libros y orina metal. Hoy sube las escaleras de forma violenta, resbalar sería todo un acontecimiento esta noche.

 

 

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