Viaje industrial

Titilan grafemas graves en esta inquieta entrada a la boca de mi estómago, en un pobre intento por trascribir las diminutas sensaciones que a impulsos bruscos me abaten. Tan diminutas son que a menudo dudo que sean reales, pero me muevo a lo largo del recuerdo que me dejan y me basta para opacar con acierto el crudo color que tiene el mundo real. Un rayo va y viene en esta hueca inmensidad, a veces aparece un paraíso, anoto rápido los rasgos que me asaltan, muevo con levedad los ojos y se esfuma; no está ya, ni estará nunca. Pero la úlcera se ha abierto y brota, vuelve a encresparse el cuerpo y eyacula.

Una trampa que multiplica vagamente los fonemas me acompaña en mis viajes industriales y así sale siempre todo con tan extraordinaria pulcritud, que da asco leer mis palabras, a no ser que te guste el sabor de los tornillos.

 

 

 

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