Génesis 1:27

Me alegra profundamente —dijo Dios— que te tomes tan bien las guerras, que aceptes con tal decoro la marcha fúnebre de alrededor; es de buen hombre devoto asumir sin rechistar que tan sólo me presencio en las barbaries y epidemias. Y aún así sigo siendo, hijo mío, tu principal fuente de inspiración. Hice contigo un buen trabajo, qué duda cabe, no has olvidado un solo día agradecerme tu existencia en forma de oración o de masturbación reprimida.

Pronto vendrás conmigo, el mundo es demasiado cruel para ti, reconozco que me gusta domesticaros como a los perros que no entienden el lenguaje hablado, reconozco que tú eres diferente. Hace algún tiempo que he perdido el interés y, no lo niego, he dejado de prestar atención a aquella parte del mundo en que no se me respeta haciendo ofrendas a una pluralidad de dioses, como si esto fuese un podio de fertilidad y no de lucha. Yo sé que sus plegarias nunca serán respondidas, pero me gusta verlos caídos panza arriba como una tortuga con esos ridículos movimientos tratando de incorporarse. Qué decepción sus vidas, no me agradecen ni la luz del sol que hace crecer sus queridos girasoles.

Tú, en cambio, eres tan bueno. Siempre luchando en mi nombre, siempre atento a mis necesidades, dispuesto a cambiar el rumbo de la humanidad. Tú vendrás pronto conmigo. Pero de momento, como una hiena, caza para mi. Que los ignorantes serán recompensados y los demás sangrarán.

Sal, que hoy el sol es absoluto, he amanecido empalmado. Sal mirando al cielo, camina con la cabeza hacia arriba, que yo te vea; no mires hacia abajo que no mereces ver los horrores de los hombres, los errores de mi hambre.

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Un comentario sobre “Génesis 1:27”

  1. Sublime. Una versión de cómo Dios nos vería (partiendo de la base de que diéramos por váilida la premisa de su existencia), sin duda mucho más realista que las que encontramos en el Antiguo y Nuevo Testamento; esos diarios con cuyos mensajes se ha jugado al teléfono escacharrado a lo largo de la historia.
    A este dios le digo que mis masturbaciones no son reprimidas, que no haré más ofrendas que aquellas que me llenen la vejiga, y que no pronunciaré más oraciones que aquellas que provoquen una risa o desnuden el cuerpo de una mujer.

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