Las moscas

No hay sinfonía que transcurra

con tan soberbia levedad

que la de una mosca posada

en la pared de un cuarto de baño,

rodeada de color azul y blanco,

de agua y de mármol.

 

Esa imagen en ese exacto instante

es el universo mismo

concentrado en un insecto

de la peor calaña.

 

Bien podrías ser tú quien trepa

por los azulejos con patitas de alambre,

bien podrías ser tú un ser detestable y peludo

que vuela los centímetros exactos

para no ser alcanzado por un golpe rápido,

ni un milímetro más.

 

Un bicho que se mueve sólo

cuando ha de huir de la muerte,

un bicho que no se queda allí postrado

porque tenga algo que hacer,

tan sólo porque existe y

hasta que su existencia termine

quiere estar tranquilo sin moverse,

apoyado a la pared.

 

 

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