Quietud

Cuando poso los ojos sobre el otro quiero ser toda esa materia que nos separa y la curva tras la que desaparece cuando se va.

I. Puedes ver desde tu esquina mi abdomen rígido temblando en esta superficie de días que pasan, puedes verme tocando todo eso que no existe a mi alrededor, modelando espacio vacío, puede que tropieces con mis ojos por error e inmediatamente borres la huella que he dejado en los tuyos, mirando a otra parte, llenando tus retinas del color de cualquier otra cosa y, entonces, seguirás con tus gestos pausados, con tus muecas simpáticas y tus palabras, desde aquí silenciosas, y no volveré a molestarte, no volveré a ocupar un fragmento de tu espacio; estaré siempre lejos, en algún lugar donde pueda ver cómo te marchas.         II. Se pliega con sencillez la camisa blanca sobre tu cuello al estirar la espalda, los puños reposan en tus muñecas estrechas, apoyas como un piano todas tus vértebras en el aire, irrumpes en el silencio angustioso de toda esta distancia que nos separa con un chasquido desde la nuca. Mis mórbidos prejuicios me impiden mirar hacia otra parte, la idea crónica de que no habrá nada más bello, de que lo siguiente será inferior, de que todo está a años luz de tu electricidad.         III. Miro con enfermiza quietud allí donde has estado, donde aún queda de ti lo que yo siento.

 

 

Anuncios

Publicado por

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s