Nueve de Octubre

Esta tarde un poeta me ha dicho, ¿por qué arropamos todo lo que decimos con un énfasis especial cuando lo único que hace falta es limitarse a decir aquello que debe decirse? naturalmente lo que ocurre es que hay muy poco que deba decirse.

Son las 22:54, y ya no encuentro ganas para decorar la siguiente historia:

Hay un pliegue en aquella efigie que no para de mirarme, me han mordido sin decoro las sombras de los árboles, ahora me cuesta caminar porque me sangra la rodilla, y si me agacho a rezar podría infectar mi herida con esta sucia y seca arena. Ha pasado un gato negro por encima de mi espalda y, tan mala suerte le he dado, que no ha vuelto a bajar con vida. Había un renglón torcido en el último libro que leí, hablaba de los ojos de lepra, y la gente de alrededor se reía.

No voy a contar en realidad ninguna historia, se sobreentiende lo tan banal de esta intimidad.

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