Ascos

Hoy el día ha sido como un trago de agua mineral.

Viene como viento, grita, araña la pared, se extirpa mis palabras del oído, del fondo de su cuello tenso. Microverso en esta microbiblioteca viva donde gotean lágrimas de saliva templada. Volviendo a las telarañas, tejido estricto de la plataforma que abarca burdeles de hilos finos, burdeos, sol antes del nuevo ciclo. Una esquina salpicada de mostaza, una gotera de vinagre y un mendigo que en la calle habita, lamiendo caridad de mugre en dedos de ignorancia, en uñas largas colmadas de barro, una sien naranja que al doler palpita, un tendón que tensa más de la cuenta la piel a la que está sujeto.

Ha sido un día sin grandes glorias, un día de dormir en marquesinas, de esperar a la siguiente esquina, al próximo zapato extraño que me hable desde algún escaparate y diga “deja aquí tus complejos y esos calcetines sudados”. Un día de horas pequeñas, de grandes ascos.

 

 

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