Sucia

No quiero que me toques el alma con esas manos sucias que han estado tecleando con cualquiera, sobando las barras del metro que todo el mundo toca después de escupir, después de haber rozado todas las portadas de los libros que nadie saca de las bibliotecas, de haberse atado los cordones llenos de barro. No quiero que te acerques después de haber saludado con un apretón de manos a ese jefe grasiento lleno de orgullo y dinero y de perritos calientes, después de haber contado con todos esos dedos los 3,35 euros para tabaco. Te he visto haciendo fotos al suelo del vagón, a los neones de los bares y las chicas que visten de rosa y quieres, después de eso, que deje que te acerques, como si fuese fácil convertir los microbios en purpurina, toda esta porquería en cariño. Vienes a ver arte de caderas, vienes a romperte en dos, y no. La luz del monitor me avisa que sigue encendido, que debajo de todas las capas de retoque hay escrito un poema limpio, de palabras como pedrería… la luz azul me avisa. Vienes aquí a mi espacio a tocar mis estanterías, a intentar limpiar el polvo que esconde lo corpóreo, pero con esas manos sucias de haber jugueteado con las llaves de mi casa, no vas a poder tocarme.

Subo las escaleras mecánicas del metro, están grises de mierda y la verticalidad genera efecto moiré; la náusea se vuelve más fuerte y, como un rebote ambiguo de un tiempo desenfocado, llega el sonido de violín del pobre que pide en la esquina.

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5 comentarios sobre “Sucia”

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