Lejía

Tú eres la jerga de la lejía: No ingerir.

Yo soy la sed de un niño trastornado.


Siento la extraordinaria necesidad de lo tóxico, de un minuto convulso, de sustancia sin suspensión, sentir en mis dedos las escamas de tu boca tacto plata. No siento lo obvio, no veo las ventanas color rosa, ni me huele a flores la muerte. Ni, que yo sepa, te quiero. Ni me brotas de lo sucio y lo sincero, sólo quiero regar una flor sobre tu barro pegajoso. No quiero leer el movimiento de tus ojos en fase REM, meter los dedos en el enchufe, no quiero privilegio poético sobre ti, ni una postura de comprensión incondicional, ni justicia científica ni despliegues frecuentes de obsequios. No sufro gravedad emocional ni cíclica, ni distancia entre los cuerpos, ni materia sagrada, no sufro ninguna epopeya, ni una quiebra racional.

Sólo es sed.

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11 comentarios sobre “Lejía”

  1. Ni que yo sepa, tampoco… No tenía para nada el sentido que le di. Me gusta más en este contexto, me va más. Puta sed. A riesgo de ponerme brasas y suavizándolo con la jerga de la uni, te diré que me molas mogollón tía. Sí, lo reblogueé y saltó al twitter, es que estoy de promoción. Molas.

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