Fresas duras

Quiero estar entre los cosidos de una falda de Degas, quiero estar en un pliegue de raso de Ingres, en un azulejo iluminado por Vermeer. Y aquí estoy, delante de estas fresas duras que no paran de excitarme. Observo sus capas, tersas y dulces, escandalosamente delgadas, geométricamente inquietantes, bellas. Un perfecto bodegón de mierda banal en este ilustre día de curvas granate.

Hectáreas de base pictórica me aturden, hoy mi pelo parece un cuadro de Pollock y mis ojos dos hormigas de Dalí. Pero aquí estoy, sin un ápice de arte por dentro, delante de estas fresas transgénicas que me oprimen la raíz.

Sigo un régimen de hambre mística, el olor de esta fruta me produce náuseas literarias, en el espejo parezco una nube de Van Gogh.

¡Qué revuelo en esta esfera conceptual! El plano corporal no ayuda. Soy alérgica a las fresas.

 

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3 comentarios sobre “Fresas duras”

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