Esquina

Eres madrugada, testigo de la polémica pelea azul-amarillo, huyes del sudor de quienes se han mecido durante toda la noche, del vinagre en los fregaderos, de los amargos paquetes de alquitrán. Te gusta el olor de estar sola, pero el tacto de otro. Te gusta aprovechar los huracanes para secarte la lengua, tomas pastillas de delfín para dormir plácidamente; coses rotos a tíos duros cuyo concepto más elevado es la estructura de su pantalón. Piedras emergentes del odio te nacen, cavilas entre rayos que no te pertenecen, caminas en gravedades que no te definen.

Tu singular máscara de ángel que conmueve oscila la insolencia, la mentira pura en palabras redondas. Eres un sótano, una iglesia, un culo en almíbar, eres la tregua de un fumador, la dueña de un puñado de minutos que pertenecen a otra persona, eres el centro de una curva insultantemente fina.

Eres una esquina que no se deja limar.

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2 comentarios sobre “Esquina”

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