Escasa posguerra

Voy a esperar, como esperan las moscas, a que todas las cosas se terminen.


Que termine esta incapacidad que tengo para recordar el mármol de tu cara, el sabor a énfasis de tus agujeros, la forma de tus alturas.

He diseñado con todo lujo de detalles orgánicos la vulgar estructura de la vida que no quiero tener, pero de lo que quiero, ni idea.

Espero a que termine la imposibilidad de la inmediatez de una mañana en que mi única batalla sea no confundir tus ojos con los botones de un pijama. Yo dependo de mis sombras, de mi delgada arbitrariedad, del puto blanco digital de fondo que limita mi plano existencial, como un sueño táctil, moldeable hasta el exterminio.

Estoy esperando a que se terminen las emociones aleatorias, la escasa posguerra que sufro tras algún odio o algún amor.

Espero con inquietud despótica un trasplante de color, que gotee toda la humedad de este poema que me cala, espero a estar sucia para bañarme en acetona, a que se despegue de mi lengua el celofán.

Y entre tanto esperar absurdo se me va esta vida de mierda que dedico a pellizcarle el pellejo al reloj, a ver si me deja un rato más para acordarme del mármol de tu maldita cara extasiada.

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