etcétera

Siento una orquesta religiosa dentro que grita ¡Flota sobre los pasillos llenos de víctimas, flota!

 Se reducen a propaganda social barata, eléctrica, católica; menudo llanto de figuras atmosféricas portando medallas de honor humano. Son lo mínimo, lo más, la última generación de líquidos extraños, de templanza hirviendo bajo el vómito vencedor. Daos ostias como virtudes, repartid insulina filial, que no se pierdan las buenas costumbres, los techos rígidos amasando mente blanditas dispuestas a supurar; todo por el bien de la humanidad.

Avanzan cuerdas despegadas del motor lingüístico, millones de derrotas hunden sus lenguas en la tragedia, se sientan al sol, se observan muriendo, se rozan comprendiéndose porque es lo último que les queda antes de la oscuridad.

Sienten miedo por el estricto sendero oral que de pequeños escuchaban: Los milagros reales no residen en la química, el metabolismo universal es una frontera explícita, tú eres punto, yo segmento; no debemos converger -decían- existir es un obstáculo, pero ya que estamos aquí, sirvamos de chiste malo a la retórica, sirvamos de estantería al mal.

Frenar sería una paranoia indigerible, un escándalo caótico, el entierro de un milagro. Sucumbir es desarrollo. Un despliegue poético elevado podría costarles la vida, podrían echarles de la fila que espera paciente su turno para ser calculado como X eslabón; qué tragedia, qué espumoso delirio.

Habiendo estrellas como presidentes todopoderosos del subsuelo y de la masa, habiendo conciencias secas, experimentos de goma, ridículos entrenamientos para aprender a amar el más allá, habiendo todo esto para qué explayarse en ácido lenguaje, para qué, nada es más bello que el horror real, nada es más real que esta horrorosa belleza.

Me cuesta adquirir rigidez ante este síndrome de súbita estupidez, de humillación pletórica, de alabanzas a los suministros inventados en pos de la corbata ochenta y seis. Pero al final me hundo en la categoría humana, qué remedio, qué miedo, qué bonito es este Dios que me promete que podré escribir toda la poesía que quiera cuando me separe de esta lengua vaga y conspiradora.

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2 comentarios sobre “etcétera”

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