Muñeca

Le canto a esa muñeca que llevo debajo del anorak:

Nadie entiende mis putas negligencias, no me dejo rozar, he escuchado decir que parezco un ser asexual, tengo fresas bajo la ropa que quieres morder sin permiso, pero me gusta caminar por el tiempo sin que me ensucien de humanidad.

Ven aquí, tu tacto es espacial, tus chispas me generan tal ansiedad que me coso los dedos a tu banalidad, chúpame sin miedo a que vaya a resbalarme, abro para ti mis pétalos de albaricoque y acaricio con la punta de mi ser, la punta de tu estar. Puedo resumir tus maneras a “volar”, eres un trozo de pigmento que quiero escurrirme encima del pecho.

Huelo desde aquí las vueltas de tu paladar, intento presumir de haber rozado tus alas una noche, no quiero contarte mis miedos otra vez, son absurdos y negros y tercos, son cielos rotundos  a punto de llover.

Ámame sin más, no preguntes por las horas o el dolor, cógeme y golpea lo que no te guste de mis sombras, arráncame a pedazos esos sorbos de otras bocas, haz lo que quieras, soy una perra sin collar.

Nunca fui demasiado amiga de amar, evito como un jarro de agua fría mirar unas piernas demasiado tiempo, por si el vaivén me termina por enganchar y ya no tengo forma humana de respetar su virginidad.

No me besas con barro, con arte y con suciedad, me besas con labios de gato del que no quiere mojarse.

Sí, me gusta caminar por el tiempo sin que me impregnen de humanidad.

 

 

 

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5 comentarios sobre “Muñeca”

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