Jardín sinestésico


Cuelga de la entrepierna de un monstruo dorado, una enredadera roja que se inflama áspera contra una pared de granito claro, ésta chilla al contacto con la piel de la vegetación que no para de crecer sobre su superficie.

Flores diminutas de olor ácido y caliente se asoman curiosas desde un tejado aburrido y pesado que espera su derribo sobre unos cimientos pobres de abandono naranja. El césped mal cortado se tambalea violento, chocan sus largas piernas de hierbajo unas contra otras, como una orgía de rehusión que raspa, de cardos dentro de úteros secos, de dolor grotesco.

Tan bello es este jardín…

El monstruo dorado sigue golpeándose contra la pared ancha de textura desconchada y triste, con una mano sujeta sus propios muslos a punto de caer doblados uno contra el otro, con la otra acaricia con suavidad la pared, la contempla de cerca con los labios a escasos centímetros del olor a piedra, un olor gris con betas negras que sube desde el suelo y atraviesa, evaporándose hacia arriba, toda la superficie de granito.

Los cardos danzan, sus cabezas enormes y llenas de pinchos, cabezas gruesas, toscas, pesadas que se golpean contra el espacio que las rodea.

Nadie ni nada observa la belleza platónica, la belleza dorada del monstruo que crece, de su espalda metálica fría contra un sol naranja palo que le da textura mate a sus omóplatos rotundos; está empezando a llorar con un ruido tosco de color marrón y violeta, está empezando a gritar y ni la hierba ni las flores que le observan asustadas pueden oír su gravedad; su belleza es todo horror, es golpear, pesar, es ruido seco y miedo que no para de crecer doliendo, crece, duele y crece.

Quiere besar la pared, sólo besar la pared para calmar sus chillidos amargos y amarillos grisáceos, de terror. Se acerca denso a su superficie pero nunca llega, nunca roza su boca gruesa y granate la pared, nunca la toca, se le escapa por milímetros, siempre, de los labios.

Mi pobre monstruo dorado que sólo quiere amar a la pared, mi furcia pared de granito, que sólo quiere doler.

 

 

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2 comentarios sobre “Jardín sinestésico”

  1. Eres de doler horrores. No puedo evitar que me guste aunque lo intento; ya no me hago caso y discuto conmigo por eso. Te tengo que comer el verso púbico.
    Es un texto precioso que como casi todos, siempre me da y me quita… Dorado, naranja y violáceo como las cosas que me gustan. Muy Like.

    Le gusta a 1 persona

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