Mi niña

A esa niña de gominola que se evapora en mi cuerpo adulto:

Crecen tibias las fobias, menguan tristes lo trastos rosas, me deja escuchar su cascabel al caminar, tímida niña violeta, se esconde en un lugar donde han ido a parar los pelos de las muñecas, los juegos, las pulseras…

Vivo cada instante de mi vida llenándolo de tonterías, tengo una niña sucia y desnuda más allá del paladar, la siento intentando frenar mi declive, la siento arañando con sus uñas descuidadas mi estado mental, tirando hacia dentro de mi lengua cuando la quiero callar. Ella es mi pequeño animal caduco, ella es mi trozo de ser marginal, pocos la ven, yo la escucho deshacerse lento, la toco en la intimidad.

Es una puta aterciopelada que me acompleja, que se compara con los trastos de mi edad; usa los colores, los pone donde yo no quiero. Somos las dos miedo y purpurina. Ella colma de amor las cosas, de belleza la realidad, es ella quien hace la poesía, yo la transcribo sin masticar.

No la quiero despertar cuando huelo su tristeza, le gusta jugar a las sirenas, ata mis piernas cuando quiero bailar. Siempre me mira cuando intento ahogarla, pero tiene su pelo dorado atado a mi columna vertebral, echarla de allí sería cortar sus preciosas trenzas de trigo y brillantina.

Sé que siempre estará ahí dentro, aunque se pudra poco a poco. El día que muera la llevaré caduca bajo el torso, su volumen aún me recordará las cosas que brillaban, las que cuando ella se evaporó, dejaron de brillar.

 

 

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8 comentarios sobre “Mi niña”

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