Vientres engordando


Existen sobre la Tierra los pánicos más erguidos, existen hombres vestidos de guerra, encorvados hacia su tumba para mañana, crecen las flores sin sentido debajo de la suciedad, donde sólo había muerte ahora hay ciudades enormes, las calles están llenas todo el tiempo de vacío, los días sucediendo entre los edificios, y las estaciones empujándonos la vida, vientres engordando hasta que se acabe el espacio. Los árboles ya no tiemblan al paso de los humanos, el aire no alimenta, ni construyen ya las manos; y los tiempos no han cambiado, ha mutado la codicia, ha subido el invierno a las cabezas de los niños y las calles viven de chupar ruedas que giran, las esquinas se han curvado, brota, de la mierda, vida.

La Tierra está pasada de moda, las personas somos esquirlas de la gran lámpara de araña que colgaba de las entrañas del Señor. Un escroto dorado y hondo que nos raspa el ser, sólo es tiempo que se despega como una pegatina llena de purpurina. Somos la parte de la vida que menos viva está, el momento perfecto para la despedida, somos todo lo que somos, somos cereales, tiendas, niñas, somos joyas, instrumentos, rotondas y muelles y tornillos y alquitrán y amor y papel de fumar, somos lo desmesurado del animal, el punto de inflexión eterno dentro de otra eternidad.

 

 

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