Poema de arcadas


Pliego los dígitos y la acidez de este tiempo que pasa orgánico y lento, vuelco los lunes de arte estallados al sol sobre tus años de invierno, hago de tus elipses de odio perfectas un recipiente para el sudor, de tus dramas hago bragas mojadas y hago daño a tus flores porque las tengo que amar.

Llevo toda la vida buscando el poema que consiga asustar a tu ropa interior, pero ¿qué van a pensar tus miedos de mi? Ese poema que te de arcadas de lirio, que te decore y te haga ocurrir; busco, en tu boca, agua mineral, tu paladar supraceleste. Cada poema que empiezo habla de ti, y acaba hablando de nada, porque eres una puta calle sin habitar, y desmontas todas mis absurdas teorías sobre cómo mirarte. Doy tan igual… mi falda es un teatro sin aplausos, pero sigo escribiendo para dar con el arquetipo del azul de tu volumen. Eres ortografía corporal, una extensión absurda de todo, eres culpable y yo soy la culpa.

Imposible no es el poema, imposible eres tú.

 

 

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2 comentarios sobre “Poema de arcadas”

  1. Eres la culpa del poema más posible, te escapas entre las manos de un cuerpo sin habitar, que ya sólo puede comer teclas, y que ansía poder mirarte dando tumbos…, tan sólo poder mirar a la tormenta; separar el tacto A del tacto B, por una delgada capa de látex con vaselina. Castigos a un impotente juzgado con atenuantes.
    Me encanta. ❤

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