Visión escatológica


Hoy he visto a todas las moscas de la tierra sobrevolar un rayo de luz naranja, tierno como una lengua, que rodaba sereno por mi habitación. Sólo una se ha posado y ha sido de inmediato devorada por una grieta de dos tablas del parqué que se masticaban la una contra la otra como queriendo tener hijos de madera.

Yo escribía un poema sobre lo roto y lo corporal y me han distraído todos esos bichos flotando a ras de suelo y a ras de las uñas granate de mis pies. Y ahora tengo resaca, resaca de moscas y poesía superficial; tengo resaca como si esa visión escatológica hubiese sido una cirugía emocional: porque ahora sé, tras el aleteo incesante, tras las manchas negras, que no quiero atarme a una vida puntual y enferma, ni ser la mitad de un mal hábito, ni contar el tiempo en bocas, o existir en la periferia de cuerpos sucios y hondos.

Ha sido la luz de chocolate la que ha templado la duda de qué tendrán de mi tus tulipanes, de por qué siento esta transparencia por ti. Ha sido el olor a final inevitable lo que me ha regalado esta sensación, probablemente efímera, de querer ser una flor naciendo en un jardín deshabitado.

 

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2 comentarios sobre “Visión escatológica”

  1. Es impresionante como escribes, la infinidad de mundos encerrados en un núcleo, en una nuez. Es tu mirada, tu manera de mirar la que concentra todos los rayos de luz en el ojo de una lupa, para después lanzarlos en espirales. Alguien cruzará el jardín deshabitado a esa hora naranja de la tarde.

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