De lo lento a lo invisible


Tú no sabías que la boca que querías, la mía, venía de la sombra. Y buscaste en ella este amor seco, roto, tierno y enorme. Palparte oscura, a ti. Tu tibia ropa alejándose de este momento, de este color que desconozco. Tus manos de muñeca sucia y avergonzada y otras formas de existir. Tu dedo azul. Contigo, de lo lento a lo invisible, con tu eterna transición. Tu vientre rojo, naciendo. Tu norte, ajeno. Tu boca intempestiva y tu naturaleza sacándome de quicio.

No y nada, a tiempo. Me has ocurrido sin permiso, y aquí estás, incesante, templada. Te quiero y no tiene cura. Tu cuerpo castigado, toda esta tierra creciendo sobre ti. No puedo curarme de ti, que ocurres como una infancia, que dueles como un instante. Una flor sobre mi boca, cualquier comisura tuya. Deforestar el tiempo, la luz y el ruido en tu forma de estar. Tu alma de jardín. El mal hábito de habitarte sólo en la brevedad.

 

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