Ebriedades

De todas las ebriedades que esculpo tú eres la primera que abandono cuando he terminado de eyacular, eres un racimo que gotea desde ayer y que sucumbe en un hoy falso que transita entre mis muslos. No te pido densidad, ni siquiera lucidez; te pido escasez angosta y apta para el tiempo indeterminado que me queda en esta pesadilla de carne.

No quiero hacerte entrega de mis cuerpos metamorfoseados los unos en lo otros, no quiero que contemples con el horror de las bestias estas trenzas mal peinas alrededor de un chillido. Porque no me da la gana retorcerme ni aguantarte cuando llores porque no tengo pistilo ni materia. No soy un poema erótico ni triste, soy una sirena que se viste de puta para engañar a tus esquemas oxidados en las necesidades básicas y estéticas de un cuerpo maltratando a otro cuerpo que se acerca. Soy lo vulgar y extraño de un paraíso de cosas que no ocurren y, sin embargo, acaban.

Fíjate en todos esos perfiles ajustados a la banalidad absoluta, contempla cómo bailan la danza de los dedos sobre gargantas profundas y abismales. Envidio cada arcada, cada centilitro de todos los seres humanos que pasean felices entre el acto y el periodo de inactividad absoluta. Envidio sus polillas cantando odas al cosmos de sus propios cuerpos fértiles, rojos y estancados. Pasan delante de mi y me detengo a perforarlos con la mirada sucia de un ser atornillado a un suelo al que le gusta bailar siendo humillado.

 

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2 comentarios sobre “Ebriedades”

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