Religión carnívora


Estábamos esperando a que la moderna virtud de significar nada en cualquier contexto nos arraigase a la normalidad eterna y pulcra que buscan los labios que quieren mojarse.

Y, previstos de nervios y ataúdes tempranos, pasamos nuestras prácticas brillando en ninguna parte, ajenos a esta religión carnívora que nos devora.

Un instante de tensión, una frontera grave, puede echarnos a la sombra con desprecio y aliñarnos con la magia de la inexistencia.

Complejas primaveras sexuales hemos de tejer apretadas contra nuestras faldas, no queremos que se nos escape una sonrisa donde debería haber un golpe.

Química amarilla que la sencillez otorga, en su lánguida negatividad, al ser tenso y extrañado. La sencillez separa a la vida de vivir; pero es más cálido un instante que una eternidad confusa y es más fácil dominar que dominarse.

Yo me quedo al otro lado a ver cómo abofeteáis a las alturas que os dan vértigo y os columpiáis al mismo ritmo sea cual sea la canción.

 

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2 comentarios sobre “Religión carnívora”

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