Dos esquinas de una cama

En esta ocasión, por cuestiones relativas al alma y las malas formas, Alfeel y yo hemos vibrado coetáneamente. Os dejamos esta entrada conjunta.


La televisión nos miraba con su cara apagada porque era angustioso nuestro peso sobre la tela del sofá. Yo no sabía que tu boca estaba hecha de todas mis necesidades sin cubrir y te quería como quieren las flores a la tierra: para sobrevivir. Tú susurrabas casi sin hacer ruido, dejando caer palabras tontas sobre el parquet:

Trenzas aire con espacio dejándome a penas nada por donde pueda agarrarme, me has jodido la balanza, y ya no sé si vas o vienes. Vas a doler, no sé aún dónde, porque emerges de la nada que arde bajo nuestros pies cuando nadie te esperaba, y te llevas todo el aire de mi pecho…

Para qué voy a avisarte de que vengo, me gustan más tus lágrimas de espontáneo espectador del melodrama y la sorpresa de tus ojos despeinados cuando me vuela la falda, para qué voy a avisarte de que duelo, si a ti te gustan los dientes y a mí el olor de la sangre, no te pongas del color de una niñata, que me pone.

Violáceas tempestades se posaban en la estancia a media altura y el aguacero se hacía delante de nuestros ojos agitando en tus ventiscas las trémulas aguas rotas de una lágrima que rabia sometida y enjaulada.

Cortinas de purpurina que golpeando con rabia en las retinas se enroscaban con la miel, y enredando tu coleta y mil rencores en mi muñeca de ser indiferente, nos hundían en el no saber por dónde irnos, y soñando con un ser de mantequilla que castigue nuestras nalgas, nos dejamos secuestrar por los instintos.

Y volvimos a dormir cada uno en una esquina rozándonos con asco la tristeza; y después acariciabas con suavidad mis pies y te escondías donde mis muslos se volvían de agua. Y yo, ya lejos de no herirte, te quería. Y tú, pegado a mi existencia, te acababas.

Todo salía flotando, en esas noches, desde el lado más oscuro de debajo de tu cuerpo, tocarte es rozar la nada que me cae sobre los hombros, me pesa el brillo chillón que llevas por manicura mientras suicidas las manos hundiéndolas en la arena de mis desiertos baldíos. Ya no sabemos odiarnos sin saliva que nos envenene el alma, sin las aguas milagrosas que abrasan como el aceite y sin castigos del alma que hagan yagas en la piel.

Todo es bonito así, sucio y sincero, sin prisas, ni piropos, ni princesas. En eso habíamos quedado, suicidarnos mutuamente cuando la piel lo pidiera.

 

Anuncios

Publicado por

11 comentarios sobre “Dos esquinas de una cama”

      1. Con cariño y respeto hacia tu persona

        Coraza espumante
        Riachuelo de verbos
        Invirtiendo las palabras
        Significados nuevos
        Titilar disonante
        Irrigación fascinante
        Ninfa de saliva negra
        Amante del poema.

        Morada del sexo rabioso
        Estrella de su propio firmamento
        Compañera de letras vagabundas
        Amiga del poeta extremo y locuaz.

        Le gusta a 2 personas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s