Minúsculo vacío


Lo pequeño, primero, duele, luego se hace doméstico y se deteriora sin ninguna intención concreta, sangra y se paraliza. Entonces viene el cementerio granate sin luces sobre las que reflexionar, jugando a lo profundo y lo evidente.

Oscila, lo pequeño, entre la natalidad y la sobreexposición del tiempo. Inerte se extiende sobre otras materias de mayor tamaño o de mayor consciencia; su presencia tumbada define un grueso instante de delgada apariencia, y se nutre de nuevo de colores diminutos, de colores que apenas se ven entre el resto de lo eréctil.

Minúsculo vacío, comienza en lo limítrofe y, al final, pertenece a todos los momentos caducos y perennes.

 

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4 comentarios sobre “Minúsculo vacío”

  1. Soy ese espectador en espera de las noches de tu boca y lee cada estalactita lanzada al hermoso papel de lo cotidiano, minúsculo y vacío toda vez que te leo, me estrujo y aún así podría enrollarme en la saliva de palabras muertas, sólo para ser parte de la vorágine seminal de sus verbos imberbes.

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