Vientre universal


Hay una flor en un vientre universal, y hay un lapso violento en el que, ella, nace.

Observo dos margaritas levemente empujadas por un viento blanco desde atrás, sus débiles frentes amarillas se acercan entre sí, hay algo íntimo en esta realidad tan obvia. No existen dos flores contiguas que se amen más, estoy segura de que antes de brotar ya se habían buscado bajo la tierra. Sus bocas pequeñas avanzan hacia el sol, olas de rocas molidas sujetan sus pies de enredadera.

Hay diminutos instantes entre una margarita y la siguiente, a lo largo de la tierra, amanecen o se secan, hay niños con enormes lupas que, al ir a matar hormigas, pisotean flores frescas.

Hay algo de domingo en sus tallos, y algo de sus tallos en mis ojos, que las miran. Y hay un jarrón vacío a mi derecha, y una luz delgada que lo riega, parece tener la boca abierta y sus brazos de jarra pidiendo comer pulgones o ramas de árbol.

Hay un vientre universal que me rodea y una niña enorme que me observa, y hay un flequillo amarillo despeinado sobre mi cara, y me da miedo esta pradera.

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14 comentarios sobre “Vientre universal”

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