nuestras uñas

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Esta vacía forma de la muerte

que ocurre bajo cada algodón empapado en llanto,

llanto a cucharadas y una carencia irregular en las manos,

y un vestido naranja que ya no sonríe.

 

Cómo no vamos a gritar sin normas,

con este joven hambre que duele en todo el cuerpo,

sentimos las cuatro esquinas

de todos vuestros oscuros sentimientos de carne.

 

Hay cobre e hijos de la sombra

en estas calles profundas que no nos acompañan.

 

Y ante la tranquila existencia del horror,

nos agachamos leves a escondernos,

a llorar por lo descolorido de nuestras uñas.

 

el río

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Tú y yo acabándonos en la superficie del río,

quedándonos en el agua y las rocas,

pasando al reflejo, a solamente la luz,

dejando en la orilla nuestros cuerpos levemente morenos,

tendidos al sol y a la arena.

 
Tú y yo ahora en el fondo de lo infinito

que espera, bajo la materia, a ser habitado,

y sonidos de insectos y pequeños ojos de animales

posados ya sobre lo que dejamos arriba,

y un puñado de vegetación salvaje

trepándonos para recomponernos en la suela de las semillas.

 
Cuatro manos pasando a la capa del barro

y mientras, lejos, donde no llega el movimiento,

una breve ola estática

significando nuestros seres para siempre.

 

exquisito acto de soledad

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Vuelvo el olvido

hacia la sencillez de tus extensos ojos,

hacia la invariable luz

de ese cuerpo del que vienes.

 

Me dedico a tu sombra,

alrededor,

a deshacerme de tu organismo,

a des-ejecutar el movimiento

y desaparecer en la molécula.

 

Vuelvo el dolor a tu inmigrante desnudo en mi pausa,

a la inquietud de tu especie,

a la huella de tu mar sin método.

 

Te estudio como a la muerte un suicida,

porque sé que eres el siguiente nudo en la madera

y ya sin autonomía voy a reflejar tu oscuridad vacía;

voy a atravesarte hasta desaparecer

y que seas tú quién deba volver los ojos

hacia el olvido de extracción blanca,

de extraño espacio sin forma.

 

Y volver entonces,

tras el agujero,

a tenernos siempre,

a percibirnos nunca más,

a apreciar, sin volumen ni palabras,

la delgada forma del exquisito acto

de avanzar en soledad.

 

vivir bajo la tierra

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Pocos y limpios hilos de nacimiento deberían haberme atravesado, y no toda esta carne autónoma que siente el asco y el frío en la misma región. A veces siento más abierta la herida, aquí abajo, doliendo con el vacío y el placer natural por la soledad.

Mi cuerpo, en el fondo de mi cuerpo, observa su inevitable y propia presencia, como la de un insecto erguido ante un espejo sintiendo la molestia del pelo y las alitas.

Me visto para no verme, me giro para no encontrarme conmigo en la masa, pero todo movimiento de huída reside en la materia y eso me relega al paranoico estado de vivir bajo la tierra.

 

mujer-soledad

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Este vientre ceñido me dota de una absurda necesidad universal, me relega a lo aún útil de mi cuerpo, toda la sociedad se yergue entorno a este vientre, todo ser abstraído busca la sombra de este acto que ejerce una mujer en el mundo.

Qué degradación, sentirme apartada del placer y el sufrimiento, qué enfermedad comenzó en mi nacimiento y se extiende aún por todo mi cuerpo, que es solamente lentitud y carencia.

 

niño

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Imagino el olor de tu ropa sin planchar, aún áspera y seca, y tu cuerpo desnudo debajo, moviéndose con la granate naturalidad del tiempo que se curva; imagino el grosor de tus ojos al enfocar mi contorno sobre cualquier superficie rugosa. Imagino los valles de tu cara, tu longitud dormido; me gusta pensar que eres los modales por los que las madres castigan a sus hijos; antes o después tendré que confesar que lo que más me gusta de ti es tu nariz, respirando, y que me dan igual los días y la sangre y lo que escuece bajo el brillo. Imagino tus oídos escuchando jazz, tus papilas saboreando unos labios rápidos y blandos como un flan; e imagino tus manos tocándolo todo, paseando por la otredad de los objetos de las casas y las consultas  y las galerías. Te imagino como tú nunca te imaginarías, con ojos enormes de niño que apenas piensa, con tiempo de sobra, con ropa morada, mirando las piedras.

 

sentirte en la abstracción

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En este momento querría enredarte las manos,

verte ahogado ya bajo la almohada,

bello, violeta, inquietante;

rozarte como a un nenúfar

que ya sólo flota despacio en mi cama.

 

Querría taparte muy suave

con la sábana y acercarme

a tu quieta cara, a tu quieta lengua

que ya no habla,

y mirarte en la abstracción,

sentirte en otra parte,

fuera de este cuarto.

 

Juntar tus manos sobre tu pecho,

besar pequeña tu nariz

asomada bajo tus ojos

casi abiertos y casi cerrados,

y dormir en paralelo a la idea

de tu ausencia ya real,

y no al drama contemporáneo

de contar hojas de margarita.